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Opinión - El 333

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Economia La defensa firme de la empresa privada es indispensable para el futuro del país.

Por: Juan Lozano

La empresa privada es la base del desarrollo. La iniciativa privada es libre dentro de los límites del bien común. El Estado estimulará el desarrollo empresarial. El Estado impedirá que se obstruya o se restrinja la libertad económica. La libre competencia económica es un derecho de todos que supone responsabilidades.

Eso, todo eso, y mucho más dice el fundamental artículo 333 de la Constitución Nacional, piedra angular de la sociedad colombiana, del desarrollo, del crecimiento, del progreso y de la generación de empleo, hoy en la mira de aquellos admiradores y amigos de los regímenes de Cuba o Venezuela que pretenden que sean las entidades públicas, a punta de subsidios y migajas de limosna adictiva para los votantes más vulnerables, las que jalonen el desarrollo nacional.

Dos modelos económicos opuestos se disputan voto a voto el control de los países de nuestra América, y más allá de la retórica de las campañas, la publicidad electoral, las proclamas de promoción y las promesas de ocasión, se ha venido abriendo campo una peligrosa artillería orientada a socavar la iniciativa privada, la libre empresa y la libre competencia, que pasa por volver pecaminoso el éxito empresarial, por satanizar a los empresarios que triunfan y por sembrar odios indiscriminados contra aquellos que a punta de esfuerzos logran sacar adelante sus emprendimientos y sus empresas.

Muchos empresarios venezolanos que fueron indiferentes frente a lo que ocurría políticamente en su país con el fortalecimiento electoral de proyectos antiempresa se quedaron sin empresa… y se quedaron sin país. Buena parte de la clase empresarial venezolana que jalonaba el progreso, que creaba empleo, que pagaba impuestos fue sustituida por estatizadores que poco a poco fueron minando la base productiva del país hasta destruirla.

Lo que muchos decían que no pasaría, pasó. Y la pesadilla no termina porque cuando se pierden los países en manos de quienes orientan estos proyectos políticos, después no los pueden recuperar. Ya sabemos el ‘modus operandi’. A punta de cabalgar sobre el populismo, el desprestigio generalizado de las instituciones, las mezquindades y la miopía de ciertas élites de la dirigencia política, a punta de sembrar odio entre la base popular y de engañar a los jóvenes con promesas impracticables, se valen de procesos electorales enrarecidos para llegar al poder y luego destruyen la base empresarial y la democracia, las niegan y las anulan para quedarse atornillados a las sillas presidenciales transformadas en poltronas de tiranía.

Y Colombia está en peligro. Por si a alguien le queda duda, que le dé una repasadita a la última encuesta de Invamer correspondiente a la medición n.° 141, de febrero de 2021, donde, en medio de un desprestigio generalizado de las instituciones, no queda títere con cabeza y, como pocas veces en el historial de décadas de esta muestra, la clase empresarial colombiana aparece con una imagen desfavorable más alta que la imagen favorable.

Es que los discursos antiempresa están surtiendo efecto. Invisibilizan las contribuciones económicas, fiscales, laborales, ambientales y solidarias de los empresarios que le hacen bien a Colombia. No me gustan los políticos medias tintas que no se juegan a fondo con la defensa de la empresa privada responsable y no comparto las peroratas contra los empresarios en un país en el que más del 80 % de las empresas pertenecen a microempresarios que quieren hacer patria, como bien lo ha explicado la Cámara de Comercio de Bogotá, convertida hoy en una poderosa trinchera en defensa de la empresa privada.

La mala noticia es la encuesta. La buena noticia es que Colombia tiene una base empresarial sólida, pujante, esperanzadora, emprendedora y patriótica que aún está a tiempo de defender con firmeza lo que ha construido y de impulsar la proyección de Colombia hacia mejores horizontes.

Juan Lozano
Abogado y político colombiano. Se desempeñó como Alto Consejero Presidencial (2002-2006), Ministro de Ambiente (2006 – 2009) y Senador de la República (2010 – 2014).

Fuente: Eltiempo.com

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