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La Colombia de mañana será diferente a la de ayer

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Hay que modificar el statu quo en un marco de libertades y democracia. Eso debería comenzar ya.
 
Bogot 2020Cada día es más evidente la magnitud del impacto que ha sufrido la sociedad colombiana como consecuencia del coronavirus. El Estado está contra las cuerdas. Ha tenido que reaccionar ante unos eventos implacables de los cuales no tenía noticia y que, forzosamente, lo obligarán a repensarse y redimensionarse. El choque llegó para quedarse. No es posible vislumbrar sus consecuencias sobre la vida nacional ni en el muy corto, ni en el mediano ni en el largo plazo.
 
Las proyecciones sobre el comportamiento de la economía se han ajustado y son más negativas. El Ministerio de Hacienda, que el 16 de abril había presentado al Comité Consultivo de la Regla Fiscal una proyección de contracción de la actividad productiva de 1,6 % para el año, la corrigió el pasado lunes 4 de mayo para prever una caída al 5,5 %. Una cifra peor que la de 1999, cuando el PIB cayó 4,3 %, y la de 1931, el peor de la crisis de los treinta, en que bajó 1,6 %.
 
Estamos atravesando el más angustioso año económico de los últimos cien años. El aumento del desempleo es inevitable, lo mismo que sus efectos sobre la inseguridad social, la pobreza y la desigualdad. En ese entorno va a desenvolverse la vida de los colombianos en los próximos meses y años. No habrá una recuperación rápida de la actividad productiva. Hace un par de semanas, las proyecciones más optimistas mostraban que reconstruir el PIB para que volviera al valor que registraba en diciembre de 2019 tomaría unos 20 meses. Con el bajonazo ya proyectado por el Gobierno, la recuperación seguramente será más lenta.
 
Ahora bien, no vamos a regresar al pasado, y es mejor ni siquiera intentarlo. Leyendo sobre guerras y crisis económicas mundiales en el siglo XX, se encuentra que cuando se buscó volver a la situación preguerra o precrisis, se agravaron las cosas.
 
Hay que recordar 'Las consecuencias económicas' de Mister Churchill, el ataque de Keynes al señor Churchill cuando este, como ministro de Finanzas del Reino Unido, decidió volver al patrón oro de antes de la Primera Guerra en 1925. Una gran diferencia con lo sucedido después de la Segunda: Occidente, liderado por Roosevelt y el mismo Churchill, comenzó a planear la arquitectura dentro de la cual se desenvolverían la economía y la política internacional al terminar la guerra.
 
De ahí salieron la conferencia de Bretton Woods, en 1944, y las nuevas instituciones multilaterales –el FMI y el Banco Mundial– para estabilizar la economía mundial, reconstruir Europa y promover el desarrollo económico. Algo así debería suceder hoy en día en el mundo. Y, desde luego, en Colombia.
 
La crisis que enfrentamos amplificó las debilidades del Estado en Colombia y de la organización social, económica y política. El Gobierno logró llegar con ayudas a los pobres y a los informales, así fuera con sumas monetarias de baja cuantía. Pero la alta informalidad es inadmisible y requiere, para combatirla, medidas estructurales en búsqueda de un mercado laboral que funcione en beneficio de la mayoría de los trabajadores. Ha puesto la lupa, también, en la inequidad del sistema pensional, en las distorsiones y deficiencias del sistema tributario y el gasto público, en la tremenda dependencia del petróleo como principal producto de exportación y en la ineficiencia de la administración pública.
 
Por eso, la Colombia del mañana no puede ser la misma que la del ayer. Se necesitan reformas estructurales de fondo. La sociedad, toda, debe cambiar su manera de aproximarse al Estado, a la economía y a las políticas públicas. Hay que modificar el statu quo en un marco de libertades y democracia. Una tarea que debería comenzar ya para no abrir camino al caos.
 
Carlos Caballero Argáez