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Hidrocarburos

Análisis: Petróleo a precios altos, la historia que no fue

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Shell PerforarEn 6 semanas ha borrado las ganancias que obtuvo este año. Mientras tanto, EE. UU. se alza como el principal productor para 2019, poniendo en aprietos a Rusia y Arabia Saudita. ¿Qué podrá hacer la Opep?
 
Desde el asesinato del periodista Jamal Khashoggi, el sentimiento del mercado del crudo ha cambiado y su impacto ha dejado en evidencia que Mohámed bin Salmán, príncipe actual de la corona saudí, está en jaque.
 
Su apuesta por modernizar Arabia Saudita está empañada por cuenta de Mohammed bin Nayef, su hermano y líder de la oposición. El príncipe tiene una difícil meta porque se trata de una economía anclada en la edad media, lo que implica cambios de todo tipo. Desde el rol de la mujer en la sociedad hasta una depuración de la familia saudí, como ocurrió el año pasado con las detenciones masivas de miembros de la élite.
 
Sin embargo, bin Salmán también apuesta por vender utopías. Una de ellas es la creación de Neom, ciudad que se oferta como el futuro de nuestra civilización. Neom recibiría más de US$500.000 millones del gobierno saudí para ser planeada, organizada y poblada en las arenas del desierto.
 
Estos vientos de cambio, que bin Salmán quiere llevar a su país, le granjearon el interés de Donald Trump y de muchas compañías de Silicon Valley. El problema, es que en poco tiempo este nuevo régimen se ha cultivado varios enemigos dentro y fuera de su país. Ahora,  su supervivencia está manos de una alianza con Donald Trump y Benjamin Netanyahu.
 
Sin duda, Trump aboga por un precio del petróleo bajo. Para él, bin Salmán es un aliado clave y lo defenderá a toda costa. Una muestra de su cercanía se resume en las constantes visitas que su yerno y asesor, Jared Kushner, ha hecho al reino, al punto de que algunos creen que sea el arquitecto de la alianza de estos tres países.
 
El descenso petrolero
 
En medio de este contexto, el precio del petróleo tipo Brent alcanzó los US$80, esto motivó a que muchos productores compraran coberturas para, que en caso de una caída abrupta, los bancos las vendieran y ellos recuperaran la inversión. El trato era simple: si el petróleo subía y la volatilidad se mantenía, los bancos ganaban.
 
El problema es que el precio empezó a caer, lo que obligó a los bancos a vender futuros de petróleo para cubrir sus pérdidas, en un proceso conocido como Delta Hedge. 
 
El resultado es una caída aún más acelerada, que devienen en un círculo vicioso de precios bajos y alta volatilidad.
 
Esta es la razón por la cual los precios están en caída libre y, con el aumento de la producción de petróleo no convencional -por parte de EE. UU.-, es muy probable que la Opep ya no pueda hacer nada para controlar el precio del combustible.
 
Lo cual nos lleva a un segundo tema: el rol de la Opep.
 
Esa organización, que le ha mostrado los dientes a EE. UU. recortando la producción para subir los precios desde 2016, depende exclusivamente de la coordinación de sus miembros. Es decir, para que bin Salmán pueda ejercer presión sobre esos países tendrá que acudir a su alianza con Trump.
 
No obstante, Putin se anticipará a los planes de EE. UU. y es probable que reviva una crisis como la de 2014 para aumentar el precio.
 
Esto crea una carrera de desgaste en la que no sabemos si el régimen de Mohámed bin Salmán aguante. La presión dentro de su reino y la guerra ‘proxy’ con Irán, en Yemen, lo ponen contra las cuerdas, en una región en la que los líderes autocráticos pasan por momentos difíciles.
 
Por eso, no descartemos que mandatarios como Erdogan, en Turquía; Rouhani, en Irán y bin Salmán, en Arabia Saudita estén pensando en un conflicto armado que consolide su poder en la región.
 
Desde nuestro punto de vista, veremos una caída continua del petróleo y los países productores utilizarán todas sus cartas para disparar el precio frente a los millones de barriles de crudo no convencional que EE. UU. planea inyectar al mercado en 2019.
 
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